Visual Chronicles

La vida de un Don nadie
Aquí jugando

Aquí jugando

Sabiduría de quienes no saben

Nada como ir en el metro para apreciar la vida que nos intentan esconder en todos lados, la vida de gente que viaja esperando llegar a un lugar donde tal vez, resultado de su esfuerzo podrían recibir aquello que llaman dinero, ese papel con textura que, según la gente que lo utiliza, ayuda para hacerse de pertenencias, mismas que se quedarán aquí cuando uno muere, pero que resultan indispensables para aparentar tener éxito en la vida.

Mejor aún es estar en una estación y ver cómo llegan preparados aquellos faquires, que guardan en su playera vidrios rotos de botellas donde se guardaba alguna bebida embriagante, incluso parece que los elijen, entre el verde, el ámbar y el blanco, forman una cama colorida donde cortarán su espalda para enseñarle a la gente lo que son capaces de hacer por unos pesos, centavo o seguramente una mirada despectiva hacia la nada y simulen no haber puesto atención alguna.

Aquel sábado, precisamente 3 faquires hicieron de las suyas en ese vagón, donde yo iba, con una mueca de apatía y desinterés digna de cualquiera que se haga pasar por habitante del Distrito Federal, un acto que ya he visto algunas veces antes y que no llamaba en nada mi atención, a excepción del morbo de ver sangre en sus espaldas, como cualquier espectador de un acto similar, interesantemente el jefe de pandilla comenzó a decir un discurso que marcaría mi día y, con un acento “chilango” comentó:

“Disculpe la molestia señor pasajero, estamos aquí porque somos chavos en situación de calle, que nos orilla a tener que hacer esto en lugar de estar robando, contrario a lo que se podría pensar, nosotros no venimos drogados ni alcoholizados (eran las 11 de la mañana) sino simplemente buscamos un apoyo para tener dónde dormir o qué comer, le agradecemos de antemano la ayuda que pudieran ofrecernos esperando que no afecte su economía ni la de su familia, cualquier moneda es buena, también si gustan ayudarnos con algo de comer o de beber se los agradeceremos. (Ésta es la parte común del discurso, todo mundo lo dice, a continuación la mejor parte) De igual manera señores pasajeros quisiera pedirles que si tienen hijos o hijas los cuiden, los procuren y los encaminen para que no terminen como nosotros, ya que la situación de calle es muy difícil y dura, se los dice alguien que tiene años en ese camino y ha sufrido cualquier cantidad de rechazos y discriminación, quieran a sus hijos para que no terminen como nosotros.”

Terminó el acto faquir y pasaron por dinero, casi nadie les dio nada, yo, por mi parte, saqué el cambio y monedas que tenía, creo que les alcanzó bien para un agua a los 3, impresionantes las palabras de un orador casual que sólo habla de lo que ha vivido y a pesar de no tener ningún grado de estudios comprobable por esta sociedad cuadrada y cegada, haya impartido más conocimientos que cualquier figura de televisión especializada en eso.

La casa de mi abuela detiene el tiempo, lo regresa

La casa de mi abuela detiene el tiempo, lo regresa

Soy tan gachupín

Soy tan gachupín

Momentos

Momentos

Tres palabras

Dañarme con tres palabras nunca ha sido difícil, menos si la primera es NO, menos si me detienes el vuelo, menos si me causan dolor, herirme con tres palabras, jamás le costó a nadie trabajo, hallarlas es tan sencillo como decirlas sin vacilar, matarme con tres palabras, cualquiera lo puede hacer, escritas, dichas o calladas, jamás lo podré esconder…

Bien reaccionario, playera militar, bolsas de café (no, no es mota) y apuntándome para ir a Oaxaca a protestar como debe ser!

Bien reaccionario, playera militar, bolsas de café (no, no es mota) y apuntándome para ir a Oaxaca a protestar como debe ser!

Adolf Dassler

Adolf Dassler

Tengo

Tengo encerradas en mi cuarto mis ilusiones, las tengo junto a todos mis sueños, junto a un par de miedos y junto a la flojera que nomás no se ha querido salir, el ocio las mantiene cautivas, aunque estén dispuestas a salir, por mucho que lo hayan intentado siempre ha habido un excelente motivo para dormirlas con cloroformo (o un cigarro en su defecto) y aplazarlas un poco más, tal vez un día, tal vez un par, tal vez un año y tal vez no salgan jamás.

Tengo muchas ideas, de las que no se dicen por falta de cinismo y exceso de pudor, esa terrible necesidad de nunca parecer más loco, o estúpido de lo que de por sí ya uno refleja ser, parte de ellas podría ser escribir un libro por ejemplo, para enseñarle a más de una persona que en verdad tengo una mente intrincada, pero prefiero guardarme esa parte para mí.

Tengo un perro y dos tortugas, un conejo y bastantes peluches, regalos casi todos de cuando caí y estuve a punto de morir, me vigilan cuando duermo por aquello de que algo se aparezca entre mis sueños, creo que ya han dado batallas suficientemente campales, aliados de mi atrapasueños para evitarme la fatiga que supone una pesadilla, pero siguen contentos y sus caras no se mueven, sus ojos brillan y de vez en cuando, un poco de polvo en ellos me hace estornudar.

Tengo una máquina del tiempo, todo mundo le llama cama, en ella viajo hasta los lugares que deseo conocer, los imagino y los conozco a mi modo, toda una travesía para llegar a ellos y es tan sencillo el regreso, ese que se da al sonar de un tono insistente que pongo como alarma y me recuerda que detrás de todo y fuera de aquí, hay un mundo real que me espera para seguir siendo aquel que pasa desapercibido, greñudo por lo regular y bastante sin embargo para todos los demás…